Una web no es algo que creás y ya está. No es un producto terminado. Es un organismo digital que está vivo. Nace, crece, evoluciona. Y si no lo cuidás, se muere.
He visto webs morir porque las abandonaron, porque dejaron de actualizarlas. Se volvieron obsoletas, lentas, inseguras y para los motores de búsqueda, irrelevantes.
También he visto webs que llevan años funcionando, creciendo, generando resultados. Porque alguien entendió que una web tiene un ciclo de vida y que cada etapa requiere atención.
Una web no es un proyecto que se entrega y ya esta. Es un compromiso continuo.
Si no estás dispuesto a mantenerla, es mejor no crearla.
Pero si entendés el ciclo completo, tu web puede ser una herramienta poderosa que te sirva por muchos años. Porque el éxito no está en un gran lanzamiento rimbombante… Está en entender y trabajar con el ciclo de vida para nuestra web.